Capítulo 4 — El fraile y el buldero
Arwy Official
Después de la huida del escudero, anduve unos días por Toledo como pude, durmiendo en los soportales y comiendo de las sobras que las cocineras me echaban por las puertas traseras. Una mañana, una vecina vieja, de las que me conocían de cuando vivía con mi amo el caballero, me cogió por el brazo y me dijo: —Lázaro, no es vida la tuya. Yo conozco a un fraile en el convento de la Merced, que es buen hombre, y necesita …