Capítulo 2 — Doña Ana y la carta a la novicia
Arwy Official
Al salir de la hostería, Don Juan Tenorio no perdió el tiempo. Sabía bien que tenía pocas horas. La apuesta era para antes del amanecer, y Sevilla, aunque grande, no era infinita. Mandó llamar a su criado más antiguo, Ciutti, un italiano flaco, de bigote fino y ojos de zorro. Ciutti había servido a Don Juan en media Europa, y conocía a su amo como nadie. Sabía cuándo tenía que callar, cuándo tenía que mentir y cuándo…